Recuerdos que siempre emergen.

El día anterior había llovido, y mucho. Según el parte oficial, el martes 19 de octubre se habían registrado en algunos puntos de la zona alta de la cuenca del Xúquer hasta 150 litros por metro cuadrado, y la predicción anunciaba un aumento de las precipitaciones para esa noche y el día siguiente.

A las 3:00 de la madrugada del día 20, un fallo en el sistema eléctrico de la presa de Tous inutiliza las compuertas. Tres horas después, el agua aumenta ocho metros en el embalse. A las 8:00 el río Sellent comienza a desbordarse. Le siguen a las 11:00 Albaida y el Xúquer en distintos puntos de sus cauces. Beneixida y Càrcer sufren una primera inundación. El único grupo electrógeno existente en la presa queda inutilizado. Los intentos por abrir los aliviaderos de forma manual para rebajar el nivel de agua embalsada resultan inútiles. La preocupación aumenta, pero ya era demasiado tarde.

A las cuatro, la lámina de agua sobrepasa la corona de la presa y la estructura del embalse inicia un rápido deterioro. El reloj marca las 19:13 horas y suena un mensaje por el transmisor: <>.

Era el preludio de un día negro, no por el tono oscuro del cielo que no hacía presagiar nada bueno, sino por la angustia que vivieron miles de personas; los damnificados especialmente. 120 millones de metros cúbicos de agua que arrasaron todo a us paso. Dos comarcas se inundaron. Treinta pueblos se ahogaron. La lengua tenía más de 50km. Desde Tous hasta Cullera. Solo el mar pudo parar el avance feroz de unas aguas que destrozaron vidas y sentimientos, para acabar volviendo a su cauce, como si nada.

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Si la pantanada llega allí, nosotros no lo hubiéramos contado>>, relata Isabel Piqueres visiblemente emocionada.

Fue la noche más alrga para muchas familias de la zona. La falta de información llevó a la psicosis. Pese a que la tragedia se fue gestando desde primeras horas del día, nadie acertó en predecir la magnitud. Hasta el presidente del Gobierno, iingeniero de profesión, se negó a aceptar que la presa estaba rota. Mientas numerosas poblaciones se encontraban aterrorizadas por la llegada de la riada, otras ya estaban cubiertas por el agua y a la espera de la evacuación de los más necesitados y de la llegada de aprovisionamientos de medicamentos, comida y sobretodo, agua potable.

El balance oficial habla de nueve muertos en la cuenca del Xúquer y daños materiales de incalculable valor. En Gavarda los relojes se detuvieron a las 19:50 inutilizados por la gran cantidad de agua. Incluso algunas casas terminaron completamente destruidas.

Nadie había vivido una inundación como aquella. Hoy, los solares donde las malas hierbas se entremezclan con los restos de baldosas son la muestra de que, hace 35 años, este lugar albergó cientos de hogares. En la actualidad, el pueblo viejo cuenta con 40 casas. La mayor parte son de personas de edad avanzada que se negaron a abandonar sus residencias para trasladarse al pueblo nuevo construido tras la pantanada. Un punto de inflexión en la historia de la localidad que cambió y separó en dos al municipio. <>, asegura el presidente de la asociación de vecinos del <>, Vicent Giménez.

Hoy, el silencio reina en las pocas calles que quedan, sólo alterado por el sonido de los coches que cruzan la carretera. Una tranquilidad que se rompió el 20 de octubre de 1982 con las sirenas  que anunciaban que se tenía que desalojar el municipio. <>, recuerda Consuelo Oliet.

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